Este edifico fue construído por el rey Ramiro I, como palacio de recreo y descanso, en la ladera sur del monte Naranco. Asimismo, el rey hace construir un lugar de culto adjunto, San Miguel de Lillo, unos metros más arriba.
Estos edificios prerrománicos no son deslumbrantes como templos grandiosos o magníficos. Son más bien edificios pequeños, con aire misterioso y con una elegante integración con la naturaleza. No nos esperábamos encontrar con magníficas iglesias de proporciones descomunales y vidrieras enormes. Pero la extremada pequeñez de los mismos, la ausencia total de turistas y el tiempo nublado aumentaban aún más la sensación de misterio, silencio y permitían a la mente viajar a aquel reino cristiano solo en la península frente al dominio musulman en Al-Andalus.
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